Innovación social y cooperativas

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Pedro Vera
Viernes, 20 de Enero de 2012 13:52
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La innovación social es un concepto que despierta mucho interés académico, político y, cada vez más, empresarial. Entre las distintas corrientes que marcan su evolución actual destacan las que la relacionan con la participación de las personas en los procesos de innovación y las que utilizan este término para referirse a la búsqueda de soluciones a problemas y desafíos en las que el beneficio social pese lo mismo o más que el económico.

Gran parte del debate se centra en establecer qué se entiende por beneficios sociales y uno de los principales retos estriba en cómo medirlos. Por lo general, se hace referencia a nuevas estrategias, conceptos, ideas y organizaciones que cumplan necesidades sociales relacionadas con el trabajo, la salud, el desarrollo de la comunidad, etc. El carácter social de las necesidades atiende primero a aquéllas que son fundamentales, como los derechos humanos, y una vez estas necesidades esenciales están cubiertas, con las consideradas básicas para las personas vulnerables, como la seguridad o el derecho a la participación social.

Las empresas sociales son un ejemplo de estas nuevas organizaciones y entre ellas se consideran tanto a las no lucrativas, que utilizan modelos de negocio para alcanzar su misión, como a las que tienen ánimo de lucro, aunque su propósito principal posea un carácter social. Sea como fuere, el objetivo social o medioambiental siempre constituye el centro de sus actividades. Es el caso de Grameen Danone que, sin renunciar a los beneficios económicos, puso en marcha su aparato de I+D y utilizó nuevos modelos financieros en los que los inversores redujeron sus expectativas económicas para hacer accesibles a los más pobres alimentos adecuados para su nutrición que pudieran pagar y además lo hizo mediante fábricas locales que generaban riqueza en Bangladesh.

Siguiendo el estudio realizado en 2010 para la Comisión Europea por la economista y politóloga francesa Agnès Hubert, en el que planteó que las innovaciones sociales lo han de ser tanto en sus fines como en sus medios, las cooperativas son claramente sociales en los medios. El hecho de que los procesos de decisión sean democráticos (una persona, un voto) y que en el reparto de las rentas primen las personas y el trabajo sobre el capital, son bases adecuadas para un modelo libre del lastre del retorno económico a los inversores. Pero, además, los principios del cooperativismo, que declaran una vocación de servicio a sus miembros o a la colectividad antes que de lucro, son fundamentos excelentes para desempeñar un rol destacado en la innovación social. Para ello habría que añadir la finalidad social de sus actividades, aspecto que en bastantes ocasiones se cumple y que con frecuencia tiene un marcado carácter local, lo que haría más patente su potencial para contribuir a un nuevo modelo de desarrollo.

 

(Artículo publicado en el Diario Levante - El Mercantil Valenciano el pasado 15 de enero)