Productos personalizados, productos ideales

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Pedro Vera
Lunes, 03 de Mayo de 2010 17:33
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¿A quién no le gustaría que los productos que usa cotidianamente estuvieran diseñados pensando en él, en sus características, necesidades y preferencias individuales?

Hace más de veinte años que se habla de la personalización como la alternativa ideal a la elección que cada consumidor hace entre los centenares o miles de productos fabricados en serie que circulan por el mercado y que, más o menos, pero no del todo, se adaptan a sus requerimientos. Sin embargo, a excepción de algunos servicios que, por ejemplo, permiten combinar a voluntad los colores de unas deportivas o estampar una imagen aportada por el propio cliente en un bolso o en una camiseta, la personalización no acaba de despegar como modelo de negocio en la venta de productos de gran consumo.

Otra cosa bien distinta ocurre cuando de lo que se trata es de resolver problemas de salud o de compensar limitaciones funcionales, como sucede cuando se gradúan las lentes de unas gafas o se protetiza un miembro a una persona que ha sufrido una amputación; casos en los que los costes de la personalización se ven claramente compensados por el valor de las soluciones que aporta.

Quizás, como tantas otras supuestas revoluciones tecnológicas, la personalización de los productos de uso cotidiano como modelo de negocio se anunció demasiado pronto, cuando sus claves de valor no podían competir en los mercados.

Sin embargo, en la actualidad asistimos a cambios importantes que hacen pensar que ha llegado el momento en el que la personalización va a irrumpir con fuerza en los mercados de los productos de gran consumo.

Por una parte, distintos avances tecnológicos están permitiendo abaratar las técnicas de registro de la información que exige la personalización de productos, lo que hace viable su implantación en los establecimientos comerciales a los que acuden los clientes y su envío a centros de fabricación flexible en los que se producen de manera eficiente y rápida a costes cada vez más bajos.

Este modelo de negocio reduce, además, los costes relacionados con el almacenamiento de productos que esperan su venta (de hecho, con la personalización no se vende lo que se fabrica sino que se fabrica lo que se vende) y los costes de los productos que nunca se venderán y que, por lo tanto, han de ser repercutidos en los que son realmente adquiridos.
Existen otras claves importantes a considerar. Por ejemplo, la personalización permite establecer relaciones más directas y duraderas entre proveedores y consumidores, por lo que el valor comercial no se limita sólo a un acto de compra o de venta sino que se extiende en el tiempo.

Así mismo, la creciente importancia de la sostenibilidad medioambiental está provocando un cambio de conciencia ciudadana que puede suponer el despegue de modelos de consumo más responsables, como los productos personalizados, que reducen el consumo de materias primas y el transporte, y que al ser utilizados a lo largo de un mayor tiempo, como consecuencia de la identificación y satisfacción inducida en sus usuarios, suponen una mejora apreciable en la amortización de los costes de su producción.

Por último, la personalización de productos debería ser promovida por las administraciones públicas como una de las mejores respuestas a la actual crisis económica, dado que contribuye al desarrollo local al ser una vía para transformar productos en servicios, con las ventajas que ello acarrea al resultar mucho más difícil su deslocalización, creando trabajo de mayor cualificación y calidad.
(Artículo publicado en el Diario Levante - El Mercantil Valenciano el 25 de abril de 2010)